lunes, 11 de diciembre de 2017

Día de suerte

Para el Club de los retos de Dácil, 4 de diciembre 2017

Las siete de la mañana era la hora en la que el despertador anunciaba el nuevo día. Otra jornada más sin ganas de ir a trabajar, desmotivada con aquella situación. Trabajaban a destajo y tenían que seguir publicando aquel diario que se había convertido en un simple panfleto. Ya solo reproducían las noticias que daban las agencias. Ya nadie hacía entrevistas, nadie hablaba por teléfono pidiendo réplicas, ni noticias nuevas. Ya nadie miraba el cuadrante para ver con qué fotógrafo tocaba ir a las ruedas de prensa. Ya no hacía falta reuniones de primera... ya nada importaba.
En la redacción todos estaban igual. No podían siquiera hacer huelga. Se reunían con el comité de empresa en callejones cercanos, porque la empresa no los dejaba reunirse en la sede, y les explicaron que debían seguir trabajando o sería un despido procedente. Solo quedaba una opción y parece que ese día, ese día el milagro ocurrió: A través del humo de las máquinas, John vió la señal que le hacía su compañero...la transmitió a los que estaban a su alrededor: la huelga había empezado. Paren la rotativa gritó el jefe... a partir de mañana no saldrá el periódico... y a partir de mañana empezará la batalla legal... admitirán el despido colectivo y todos a cobrar las indemnizaciones...

Imagen libre de derechos.

Teléfono

Para El Club de los retos de Dácil. 8 de diciembre de 2017

Allí estaba ella, por fin sola frente a la centralita. Sus padres no entendían muy bien que ahora que había terminado su carrera y trabajaba con dos compañeros en un despacho se metiera de voluntaria. Feliz, entusiasmada y nerviosa. Había más personas en la sala, cada una a lo suyo, nadie oía conversaciones de otros. Acababa de comer jamón que alguien trajo y entre eso y lo nervios tenía mucha sed. Rellenó su botella de agua y al pasar por la sala de espera vio al jefe atendiendo a un vagabundo. Sí ella sí entendía qué hacía allí y aquel acto de solidaridad. Abrió su bloc de notas justo donde dejó el marcapáginas corporativo en forma de corazón. Releyó algunos consejos. Recordó por qué quiso ser psicóloga y por qué hacía años nadie supo que quiso suicidarse. Se perdió en recuerdos, en aquel Pedro que la engañó, que le hizo promesas, que le juró tantas cosas... de repente por fin sonó, sonó, y aquello era real, le subió la adrenalina y se dijo "estoy preparada". Descolgó: "Buenas noches, Teléfono de la Esperanza, en qué puedo ayudarte". 

Imagen libre de derechos.

Caracolas

Ya sé que no te gusta que hable sobre caracolas, pero ellas hablan de ti.
Imagen de la red.
Puedo oírte rugir en cualquier momento, y además recordar. Ellas cuentan historias que sucedieron, de las que fueron testigos, y que nunca más volverán.

La barca

Imagen de Black Shadow.
Tenía preparada la barca por si te atrevías a cruzar. Preferiste quedarte en la orilla observando nuestro mar. Nunca te decidiste a lanzarte. Solté amarras. Yo navegando sin rumbo, tú en tierra firme. Pero, ninguno, ninguno dejó de llorar.

Bailan palabras

Sabíamos leer nuestras letras interpretar secretos entre los dos.
Tal vez tú las sigas leyendo. Un adjetivo te recordará una frase cualquiera, un sustantivo que nunca existió o aquel calificativo que nunca debió.
Incluso puede que algún punto final te haga temblar de emoción.

Imagen de la red.
 Hoy bailan palabras entre líneas, esas que nadie leyó... invisibles para el mundo, tan evidentes en tu corazón. 
Tendrás que volver a interpretarlas porque ya nunca las verás escritas, al menos para ti, no